Trampantojos, que no las trampas de la Pantoja

Trampantojo, esa infame palabra con la que a alguien se le ocurrió nombrar a estas originales creaciones del ser humano. La primera vez que la oímos, en clase de Historia del Arte, estallamos en una carcajada colectiva. La segunda vez, nos aguantamos la risa. Y las sucesivas, no resistíamos los escalofríos producidos por este desagradable sonido.

Pero detrás de esta horrible palabreja podemos encontrar excelentes obras de arte que ya son parte esencial del diseño urbano de las ciudades en las que se encuentran.

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