Isozaki Atea, las guardianas de Bilbao

Isozaki Atea. Ese rincón futurista de Bilbao cuyo nombre lo confunden con el Euskera quienes vienen de fuera. Ese proyecto arquitectónico que tanta polémica ha suscitado. Ese grupo de edificios emblemáticos coronados como “las torres gemelas de Bilbao”. Esa modernísima zona gris y acristalada, llamada “puerta”, que abre el centro de Bilbao a la Ría.

La podemos presentar de mil maneras, pero todo Bilbao sabrá que hablamos de estos dos monolitos contemporáneos que se asemejan a dos enormes porteros custodiando la entrada al centro de la ciudad.

Torresdeuribitarte

Corría el año 1931 de un Bilbao obrero, gris e industrial. El Depósito Franco de Bilbao, corazón del comercio internacional cuya sede se había encontrado en Santurtzi desde 1919, inauguraba el que desde entonces sería su edificio principal en el muelle de Uribitarte, en el que, hasta que cerró en 1974, fueron almacenados todo tipo de productos, desde congelados o tractores hasta vacas Holandesas.

Este mismo año, en la otra punta del mundo, concretamente en Japón, nacía un bonito bebé de ojos rasgados y prometedor futuro al que llamaron Arata Isozaki.

Quién les iba a decir a los Bilbainos de los años 30 y al recién nacido que, 70 años después, en 2001, el destino los uniría con un proyecto arquitectónico de dimensiones cuasifaraónicas.

Y quién nos iba a decir a quienes caminábamos desde el Campo Volantín hasta el centro todos los días que nos estarían cambiando el recorrido durante una larga temporada. Recuerdo los primeros años de instituto, coincidiendo con el inicio de las obras de derribo en 2002, en los que un rústico e industrial mecanotubo nos guiaba en el camino desde el Zubizuri hasta Mazarredo. Unos tubos metálicos sujetando un camino de cemento lleno de pintadas de protesta contra las torres. El clásico “TORRES NO”. Una plataforma que recorría desde las alturas una zona completamente en obras con las que el Licenciado Jubileta se habría puesto las botas.

mecanotubo

Hoy, y tras ser testigo del día a día de la remodelación de esta zona de Bilbao, el muelle de Uribitarte es un universo completamente nuevo. Donde antes había grúas ahora hay dos altísimas y acristaladas torres. Donde antes había un mecanotubo sufrimos ahora unas fotogénicas escaleras cuya subida diaria es el infierno de los caminantes más vagos. Donde antes había montañas de escombros ahora se encuentra el gimnasio más glamouroso de Bilbao y una clínica estética, creando, junto con las valiosas viviendas de las torres, el paraíso hedonista de Bilbao. Y donde antes se encontraba la fachada del Depósito… ahora se encuentra la fachada del Depósito. Esta clásica estampa de Uribitarte se ha mantenido intacta, con la única diferencia de que donde antaño albergó vacas de Holanda hoy acoge a toros de Bilbao, poniéndose fuertes en el gimnasio construido entre sus paredes.

deposito franco bilbao

“Isozaki Atea” es hoy parte del estratégico diseño urbano bilbaíno dirigido a la modernización de la ribera de la Ría. Para mí, como finísima humana que cruza esta zona varias veces al día, representa, junto al Zubizuri, una simbólica apertura del centro de Bilbao no sólo a la Ría, sino al olvidado barrio de Uribarri, situado al otro lado. Desde aquí queremos preguntaros a vosotros, lectores y urb&walkers, ¿qué simboliza para vosotros Isozaki Atea?

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