¿Los bidegorris llegan a Oz?

Ayer, invitada por el buen tiempo, no me pude resistir (en un momento de tregua que nos dio la lluvia en Bilbao), así que me calcé las zapatillas rojas y salí en busca de una de esas bicis gratuitas prestadas por el Ayuntamiento de Bilbao. Lo primero era elegir bien el punto entre los 10 que hay: Zorroza, San Ignacio, Deusto, Abando, Indautxu, Casco Viejo, Begoña y Otxarkoaga. Decididamente descarté San Mamés y Moyua, porque las bicis de esos puntos parecen tener alas y son difíciles de atrapar antes de que se escapen.

Un bidegorri dirección a Oz

Un bidegorri dirección a Oz

Me decanté por la de Sani porque sabía que el bidegorri estaba cerca del puesto de bicis, que aunque parezca una tontería, no quería jugar al escondite, quería andar en bici. Lo cierto es, que ya me he pasado alguna vez un buen rato buscando el camino hasta el carril bici, y ¡yo quería aprovechar al máximo mi hora de servicio permitida!

Tan feliz y contenta iba sobre mi bici cuando repentinamente una señora apareció de la nada y ¡por una cana casi me la llevo de merienda en la cestita de la bici!. Desconcertada miré hacia el otro lado y vi que un autobús esperaba tranquilamente con la puerta abierta, entonces lo entendí todo. El bidegorri cortaba el acceso entre la parada de autobús y la carretera, ¡sin haber ningún puente con diseño innovador para ayudarla a cruzar de forma segura!, ¿os lo creéis?.

Tras este pequeño susto seguí mi camino por el bidegorri intrigada por conocer hasta donde me llevaría. Por el camino pasé bordeando el Euskalduna mientras disfrutaba de algunas de las maravillas del diseño urbano de la ciudad, cuando empecé a distinguir una figura que hacía extraños gestos como si de un espantapájaros se tratara.

Según me acercaba intrigada pude distinguir la figura, viendo que claramente no era un hombre de paja, sino de carne y hueso vestido con pantalones cortos y deportivas que estaba estirando sus extremidades, inclinándose de un lado a otro, abriendo y cerrando los brazos, agachándose y levantándose… todo esto repetidas veces. Ahí le dejé sin llegar a saber con quién quería contactar mandando esas extrañas señales y proseguí mi camino.

Bici en Bilbao junto a la ría

Bici en Bilbao junto a la ría

Continué y continué mi andadura embelesada en los edificios emblemáticos que encontraba a mi paso en la bella villa de Bilbao. Entonces llegó el momento en el que vi peligrar mi vida. Sí, yo seguía pedaleando hasta que sentí un obstáculo que me sobrepasaba sin piedad por un lateral. Antes de que me diese tiempo a mirar, ¡sentí otro obstáculo por el otro lado!, ¡me estaban rodeando! veía pelos, oía risas que me envolvían, ví ruedas en sus pies, ¿qué eran, brujas malvadas  que me querían tirar de la bici? Asustada pegué un frenazo a tiempo para verlas marcharse inocentemente bailando sobre ruedas y lanzando risas al aire.

Reanudé mi travesía urbana hasta encontrarme con el siguiente obstáculo. El bidegorri estaba ocupado por una furgoneta que plantada en medio de la calle bloqueaba el paso. Entonces pensé que si las bicis a veces van por la autovía y tramos urbanos, tampoco es de extrañar que los carriles bicis se puedan usar como zonas de carga y descarga, ¿no?

Vista la cantidad de obstáculos encontrados me preguntaba si en algún momento conseguiría llegar al final del camino. Todas las experiencias que me habían pasado hasta el momento no eran nada con lo que estaba por pasar, en el momento menos esperado… ¿a dónde se había ido el camino?, ¿por qué se acababa tan bruscamente el bidegorri?, ¿quién lo había mandado a otra dimensión? Ohhh!!! entonces entendí la dura realidad, los bidegorris nunca me llevarían a Oz.

Los ciclistas urbanos llevamos luchando mucho tiempo por nuestros derechos de circulación. Mirar la protesta que hizo un colega mío en New York porque le multaron por ir en bici fuera de su bidegorri (a partir del segundo 38).

¿Os ha pasado alguna experiencia similar urb&walkers?, ¿alguna vez os habéis preguntado a dónde conducen estos bidegorris?, ¿por qué se acaban tan repentinamente?, ¿son para ciclistas, patinadores o corredores?, ¿aportan valor funcional a la ciudad? ¡Esperamos vuestros comentarios y experiencias!

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